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Julio Verne y su Vuelta al Mundo en 80 Días

¡Ya se ha levantado el acta de la apuesta en el Reform-Club de Londres! La millonaria suma asciende a nada menos que 20.000 libras. El misterioso caballero conocido como Phileas Fogg dispone tan solo de 80 días para darle una vuelta al globo terráqueo y presentarse el sábado 21 de diciembre antes de las ocho cuarenta y cinco en ese preciso club de caballeros. La ruta de viaje ya ha sido establecida de ante mano y Fogg llevará consigo su pasaporte que deberá ser sellado en cada uno de los países por los que atraviese como prueba de su hazaña.

¿El motivo de semejante apuesta? Un artículo publicado por el diario Morning Chornicle afirma que los medios de transporte han avanzado a tal punto, que es muy probable dar una vuelta al mundo en apenas ochenta días. Cinco importantes caballeros del Reform-Club desestiman que sea posible realizar semejante expedición. Es entonces Phileas Fogg quien decide jugarse todo para demostrar lo contrario. Pero la proeza requiere de tanta celeridad que ya no puede quedarse inmóvil. Debe ir a empacar y preparar su salida de Londres para partir esa misma noche hacia Suez.

¿Pero, quién es este caballero de extraña procedencia? ¿Por qué no le tiembla el pulso el hecho de jugarse toda su fortuna ante un grupo de desconocidos en una hazaña tan difícil de lograr? ¿Tiene alguna relación con el robo de dinero ocurrido hace días en el Banco de Inglaterra? ¿Será su expedición una simple excusa para evadir a la justicia?

Muchas dudas y pocas certezas sobre este misterioso gentleman. Un millonario que vive solo en la casa número 7 de Saville-row, en pleno Londres. De hábitos estrictos y una enorme seguridad en sí mismo que no lo hace inmutarse ni la más adversa de las situaciones. Un caballero de pies a cabeza que a pesar de su innegable procedencia aristocrática es desconocido en los círculos londinenses más exclusivos. Su nombre no es familiar en los prestigiosos colegios de abogados, ni en el Tribunal del Canciller ni tampoco en la Institución Real de la Gran Bretaña. No pertenece a ninguna sociedad de la capital de Inglaterra.

Pero Phileas Fogg no viajará solo, claro que no. Será acompañado por su criado, o debemos decir, por su flamante criado. Al anterior lo debió despedir por cometer una falta gravísima: Le llevó el agua para su afeitado a ochenta y cuatro grados Fahrenheit en lugar de a ochenta y seis. Este detalle no pasó desapercibido para Phileas Fogg, que tan excéntrico como exigente no tuvo otro remedio que despedirlo. El nuevo criado, es un joven francés fuerte, atlético y valiente de nombre Jean Passepartout. Arribó a las puertas de Fogg en busca de un empleo de servidumbre tranquilo y se había decantado por asistir a este caballero en particular por tratarse de un hombre con una vida extremadamente rutinaria y serena. Pero parece ser una mala elección para las aspiraciones de Passepartout. Esta misma noche ya estará haciendo sus valijas para embarcarse en una aventura cuyo final es incierto.

No la tendrá fácil Phileas Fogg. Se sucederán terribles contratiempos en sus planes y deberá improvisar para solucionarlos. El tiempo se convertirá en su obsesión y el dinero en su principal recurso para salir de situaciones complicadas. Pero en algunos lugares exóticos que visitará ni todo el oro del mundo podrá salvarlo. ¿Ganará la apuesta? ¿Logrará dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días?

Así comienza esta maravillosa aventura que Julio Verne publicó en 1873 bajo el nombre original de Le tour du monde en quatre-vingts jours. Verne, considerado por muchos como el padre de la ciencia ficción, nos relata en este libro una historia un poco alejada de ese género, aunque no tanto. Pensemos un momento lo siguiente. En esta novela se describe un viaje extraordinario que debe ser realizado en tiempo récord. Los medios de transporte que utilizan los personajes como el ferrocarril -para ir por tierra- y el paquebote -para avanzar por mar- eran en esa época verdaderos avances y la osada hazaña que debe realizar el personaje principal es una demostración de las virtudes de los nuevos inventos. Por lo tanto, si bien esta obra no es de ciencia ficción, sí formó en su momento parte de textos que trataban sobre la tecnología de vanguardia.

A lo largo del transcurso de la historia tienen lugar situaciones inesperadas y se van sumando nuevos personajes que le dan condimento a la trama. Estos brillan por su gracia y en más de una oportunidad harán reír al lector por sus acciones desopilantes.

Como nota personal, debo agregar que me pareció tan sorprendente como dulce la conclusión final que extrae el aparentemente frío Phileas Fogg en el desenlace de la novela.

La Vuelta al Mundo en 80 Días es un libro sumamente entretenido que entusiasma al lector desde el primer capítulo. Es recomendable su lectura para niños, jóvenes y adultos. Ninguna persona puede dejar de disfrutar de esta aventura que ya tiene 135 años y que se ha convertido en todo un clásico de la literatura.

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