Yul Brynner, un pelado de película

Un rostro eterno del cine clásico
Hay rostros que el cine vuelve eternos. El de Yul Brynner es uno de ellos. Su cabeza calva, su mirada intensa y su presencia magnética lo convirtieron en un ícono imborrable de la edad dorada de Hollywood. Actor de cine, teatro y televisión, dejó una huella que atraviesa géneros, décadas y estilos.
Nacido en Rusia el 11 de julio de 1920, bajo el nombre de Yuli Borisovich Bryner, su camino artístico lo llevó primero al teatro estadounidense. Allí encontraría el papel que marcaría su carrera para siempre: El rey y yo (The King and I), obra con la que alcanzó un enorme reconocimiento.
Su debut televisivo llegó temprano, en 1944, en un programa hoy poco recordado llamado Mr. Jones and His Neighbors. A fines de los años ’40 y comienzos de los ’50, su presencia en la pantalla chica se volvió más frecuente. En 1949 filmó Port of New York, uno de sus primeros trabajos destacados en cine.
El año que lo cambió todo: 1956
El gran salto llegó en 1956, cuando The King and I fue llevada al cine bajo la dirección de Walter Lang, con Deborah Kerr y Rita Moreno en el elenco. Por su interpretación del Rey Mongkut de Siam, Yul Brynner recibió el Oscar al Mejor Actor, consagrando definitivamente su figura.
Ese mismo año sumó otro hito fundamental: Cecil B. DeMille lo convocó para interpretar al faraón Ramsés en Los diez mandamientos (The Ten Commandments), donde compartió pantalla con el legendario Charlton Heston, quien encarnó a Moisés. La película se transformó en un clásico absoluto del cine épico.
Para cerrar un año inolvidable, Brynner protagonizó junto a Ingrid Bergman Anastasia, dando vida al General Sergei Pavlovich Bounine, en otro de los grandes títulos de su filmografía.
Westerns, grandes elencos y consolidación
Su carrera continuó de manera prolífica durante el final de los años ’50, hasta llegar a 1960, cuando interpretó a Chris Adams en el western Los siete magníficos (The Magnificent Seven). El éxito fue tal que repetiría el personaje en la secuela de 1966, Return of the Seven.
A lo largo de la década del ’60 participó en westerns, dramas, películas de aventuras y acción. En ese período trabajó junto a figuras enormes como Marlon Brando, Orson Welles, Katharine Hepburn y Robert Mitchum, confirmando su lugar entre los grandes del cine clásico.
Ciencia ficción y últimos trabajos
En 1971 protagonizó The Light at the Edge of the World, basada en una novela de Julio Verne, donde compartió cartel con Kirk Douglas. Ese mismo año estrenó Catlow, actuando junto a Richard Crenna y Leonard Nimoy.
Dos años después llegó uno de sus trabajos más recordados de esa etapa: Westworld (1973), western con tintes de ciencia ficción escrito y dirigido por Michael Crichton. La historia de un parque temático poblado por androides que se salen de control anticipó muchos de los debates tecnológicos del cine moderno.
En 1976 se estrenó Futureworld, secuela de Westworld, nuevamente con Brynner, aunque sin la participación creativa de Crichton, lo que impactó en la calidad del filme. Esta producción marcaría su última aparición en cine.
El legado de un ícono
En los años siguientes realizó participaciones esporádicas en televisión. Incluso pocos meses antes de su muerte, concedió una entrevista en la televisión estadounidense, de la cual se utilizó un fragmento para una campaña de concientización contra el cáncer.
El 10 de octubre de 1985, Yul Brynner falleció en Nueva York a causa de un cáncer de pulmón.
A lo largo de su carrera dejó una marca indeleble: desde personajes históricos y musicales, pasando por westerns inolvidables, hasta relatos de ciencia ficción. Su rostro y su cabeza calva son sinónimo de un cine que no olvidamos. Por eso, hoy más que nunca, brindamos por un pelado de película que se ganó un lugar eterno en el olimpo de Hollywood.
Si te interesa seguir recorriendo la historia del cine clásico, podés explorar otros perfiles y películas destacadas en el blog, donde los grandes nombres de Hollywood siguen vivos.
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Comentarios
Gracias por tus palabras. Seguramente desde algún lugar, Yul Bryner estará orgulloso de haber sido algo mucho más importante que un muy buen intérprete.
Saludos.