Blade Runner, revolucionando la ciencia ficción

Un repaso por el argumento y aquellos aspectos que conviertieron a Blade Runner en todo un hito del séptimo arte y que consagró a Ridley Scott como un referente del género.
Pocos films logran provocar en el espectador esa sensación que se siente al ver Blade Runner. No sentimos que estamos viendo una película, sino que espiamos a través de la pantalla la vida del futuro, pero no de nuestro futuro. Ridley Scott nos muestra aquél porvenir que nunca veremos, en una ciudad de Los Angeles oscura, lluviosa y decadente logrando hacernos sentir esa extraña sensación de que ese destino sí existe, pero no es el de nuestra realidad, sino el de otra, alternativa, en cuyo pasado parece haberse filmado la película.


Su llegada a la Tierra tiene que ver con su corta vida, apenas pueden vivir cuatro años y es para extender este corto período, que buscan a su diseñador. El tiempo se les agota a los replicantes, por lo que actuarán de forma violenta si es necesario para lograr su objetivo. El único capaz de detenerlos es Deckard (Harrison Ford), un Blade Runner, un policía especializado en replicantes con autorización total para "retirarlos".

El argumento va mucho más allá de un policial que se desarrolla en el futuro, expone algunos dilemas éticos a los que la humanidad recién ahora empieza a enfrentarse y que son producto de la investigación en el campo de la ingeniería genética. Cuanto más se acerca el final del film, vemos que el planteo se vuelve netamente filosófico. ¿Qué diferencia existe entre un ser humano y un replicante? En base a qué definimos que un individuo es parte de nuestra raza. ¿Por su estructura biológica? ¿Por sus actos? ¿Por sus recuerdos? ¿Por sus sentimientos?

Es tal la trasendencia de Blade Runner, que hace ya unos años se hizo una encuesta entre toda la comunidad científica para elegir cuál creían que era el mejor film de ciencia ficción de todos los tiempos. En base a las respuestas de los científicos se elaboró un ránking en el que Blade Runner quedó primera. Sólo 2001: Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick puede pelearle el primer lugar en el podio. Ambas películas son tan profundas como distintas y han marcado una época, pero no es cuestión de compararlas ya que son obras de arte y el sólo hecho de intentar hacerlo sería una estupidez. Cada una es perfecta a su manera y representa lo mejor del género sin solaparse y sin rivalizar.

Escenarios, iluminación, ambientación, música, argumento y guión funcionaron en perfecta sincronía para convertir a Blade Runner no sólo en uno de los mejores films de ciencia ficción, sino de todos los géneros. La calidad artística se manifiesta desde el principio con esa apertura simbólica de un ojo humano que parece mirar la llegada del futuro y el conmovedor desenlace con las últimas palabras de Roy más ese cierre precipitado, con un Deckard totalmente cambiado.
Blade Runner será por siempre una película de culto que va mucho más allá de la industria del entretenimiento y que ha dejado expuestos dilemas con los que la humanidad todavía no se ha enfrentado, pero con los que se topará de forma inminente. Esta obra es propia de la mejor ciencia ficción, la que se anticipa a los problemas del mañana y muestra los distintos caminos para continuar avanzando hacia el futuro, sin destruirnos a nosotros mismos y sin dejar de ser humanos.
Trailer en inglés
Más información:
Blade Runner en iMDB
Lágrimas en la lluvia: Sitio dedicado exclusivamente a Blade Runner
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